Ayutthaya

24-Octubre-2014

Día 4: Wat, la tengo más que memorizada, significa templo. No diría harto, porque te lloran los ojos de las cosas  bonitas que ves, pero quizás diría saturado. Demasiados pero tellement beaux…y cada uno diferente, con su cosica particular. Desde un pequeño bar-restaurantel-hostel-alquiler de bicis-motos-barcos…escribo esperando al tren que nos lleve a Chiang Mai. Estamos en Ayuttaya, antigua capital de Tailandia, con monumentos de enorme factura en cada esquina, diríamos la roma asiática, con más historia que el Real Madrid y Barcelona juntos (la comparación es pura prosa, pero odiosa. Y esto es pura lírica).

(Aviso, tostón histórico de 2 párrafos, BIIP BIIP BIIIPP) La antigua capital Tailandesa de Ayutthaya (Phra Nakhon Si Ayutthaya) es una ciudad que se fundó en el año 1350 en el seno del reino de Siam. Este gran lugar fue regido por un total de 35 reyes distintos hasta que en el año 1767 Ayutthaya fuera totalmente destruida por los ejércitos Birmanos (la actual Birmania o Myanmar). Fue una de las ciudades más importantes de la época con más de 1 millón de habitantes. Su localización a medio camino entre China, India y Malasia convirtieron en Ayutthaya un enclave perfecto para el comercio. Barcos europeos, japoneses y chinos utilizaban Ayutthaya como puerto para comerciar madera de teca, marfil, pieles, seda y toda clase de artesanía. Muchos de estos mercantes afirmaban que era la ciudad más espléndida que jamás habían visto, incluso se llegó a conocer a Ayutthaya con el sobrenombre de la Venecia de Oriente.

budas cortadosRuinas del Wat Mahathat

En su máximo esplendor Ayutthaya contaba con más de 1500 templos y 4000 estátuas, que los ejércitos Birmanos dieron buena cuenta asolando la zona y decapitaron la inmensa mayoría de estatuas para demostrar su poder.

Tras este tostón histórico…
Hoy nos hemos movido en bici, hemos alquilado 2 por 40 THB cada una el día, de risas (1€). La vuelta ha sido morrocotuda (que palabro tan estupendo), pero sin duda ha merecido la pena.

SONY DSCCon nuestros torpedos en el Viharn Phra Mongkol Bophit: el gran Palacio de Ayutthaya

El día comenzaba en un taxi rosa. En Europa sorprendería y sonaría a mary Claire, aquí no. Hay taxi de tres colores: rosas, verdes y amarillos. Cada color representa una compañía diferente. 1 hora perfecta en Van totalmente tuneada más dormidos que cuando 10 años. Para llegar a Ayutthayaaaaaaaa (me chifla esta palabra, ya lo pudistéis ver en el vídeo del anterior por sobre Bangkok) hay diversas maneras, como para ir a cualquier sitio en este país. Pero la mejor, la más rápida y barata es en furgonetas privadas, en van tuneadas, furgotunning. Desde una pequeña estación al lado del Victory Monument, salen cada media hora (es que es impresionante, búscate un trayecto de 80 kms en España con transportes a una frecuencia de 20-30 mins, a ver donde lo encuentras. Todo tiene que ver con el volumen de pasajeros, está claro, pero aún así…) por 60 bahts el trayecto. Para más info mira aquí.

Para visitar la ciudad, si no estás en forma gástate 5€ la hora y vas como un rey en su carromato. El rey seguirá siendo el de siempre y el carromato sera un flamante tuktuk tuneado con las más modernas chorradas. No es por menospreciar a nadie, pero realmente visitar toda la ciudad en bici tiene su aquel, y no deseo que nadie se quede en la otra punta de la ciudad totalmente a oscuras preguntando a thais que solo saben sonreir como meto mi bici alquilada en una furgo porque no se llegar a mi destino. Ojo, que si no te ahogas en un vaso de agua llegarás, e igual te hacen una procesión por la ciudad para que llegues a tu tren, pero es mejor que no ocurra. O sí, si te gustan las aventuras. Yo que se, haz lo que quieras.

Si no, pégale a la bici porque hipersuper merece la pena. Ya nose cuantos templos hemos visto. Bueno, templos y elefantes. Y parquecitos en los templos. No, de risas, pero vaya budas que hemos visto, sobre todo el Wat Phanan Choeng Pier y pedazo de estatua donde encima, y colándonos sin pagar (cada templo son 20 o 50 bats, pero somos unos auténticos ratas) un ritual budista tenía lugar. Todos arrodillados (nunca se puede colocar los pies en dirección a buda) ofrecían bandejas con telas de las que visten los monjes pero de proporciones bíblicas porque, tras rezar a voz en grito un buen rato, un par de tipos lanzaban a la base de la estatua con precisión milimétrica todas las telas, que iban siendo enganchadas a la estatua para irlas subiendo todas a la vez y vestir al buda. No lo digo, lo veís:

gran buda de oro

¿Curioso verdad? Todo mucho más cercano al pueblo, más ameno. Participaban, reían con el maestro de ceremonias, y permitían sin ningún pudor que nos uniéramos a sus gestos o que grabáramos en medio de la ceremonia. También es que el campeonato de lanzamiento de vestiduras de gran budaaaaaaaaaa tenía su guasa. Tener el tren a las 23:30 nos ha alterado los planes, pero que ni tan mal oiga. Aquí estamos con la dueña de este pequeño bar-restaurantel-hostel-alquiler de bicis-motos-barcos intentándonos entender (por suerte no hacemos como los españoles y chillamos más como si fueran sordos en vez de personas de otra nacionalidad) y riéndonos un rato. Sobre todo porque la cena está al caer, y el par de cervezas Chang ya ha caído al estómago (REMEMBER, Chang Small/Big a 50/90 bahts como precio medio en el país. De nada.) por lo que ya no ando tan fino en la prosa y dentro de poco dejaré de entenderme a mi mismo. Así que…hasta mañana costillitas.

25-Octubre-2014

No es fácil escribir desde un tren tailandés. Y menos fácil es escribir desde el peor vagón de un tren tailandés. Ventiladores a tope, ventanillas bajadas y asientos de dudosa comodidad. Llevamos casi 12 horas aquí, y todavía queda. Destino Chiang Mai. Dormir me costó lo suyo. Un viaje tan largo en asiento normal, sin aire acondicionado ni litera ni nada (no reservamos y nos pilló el toro) por unos 400 baths. Pero solo de pensar la puñetera libertad que me dio el movernos libremente en bici el día anterior…La bici da la vida. NO BIKE NO LIKE.

Las ruinas de lo que fue un gran imperio, en parte destruido por otro gran, el birmano, perduraban todavía aires de grandeza, lo que hace no poder imaginar la belleza en todo su esplendor.

Un buda incrustrado entre las raíces de una higuera le dejó con la boca abierta a este humilde escritor. Es el Wat Mahathat. Postal típica que vemos cada vez que buscamos en google imágenes Tailandia (no se si todo el mundo es tan friki como yo, pero yo lo hago), pero que, como todo, nos parece siempre mucho más pequeña de lo que se ve en fotos. O estructuras ya en la últimas más torcidos que una sarta de chorizo.

SONY DSCDos feos en el buda incrustado.

Moverse con un mapa y una bici es relativamente fácil (no con mapa y bici mientras pedaleas, por favó te lo pido hijo de mi arma, que te vas a espiñar y a reventá toito). pero si se quiere atajar para poder ver todo es necesario mi querido google maps. Lo que yo hice al llegar al aeropuerto fue pillarme una tarjeta sim tailandesa, con mi flamante Galaxy S3 liberado, y por 7 € tienes 1 giga de internet a buena velocidad (No me creeréis pero en Tailandia hay cobertura hasta debajo del agua) y saldo para llamar a Trinidad y Tobago si te apetece, cuesta escasos reales de los antiguos. Barato, super útil. Llegará el tonto de turno y dirá, sisi pa ver el facebook que te lo pillaste. Pos quizás también, y es que soy la persona más sociable (o dependiente de la sociedad) que conozco, tengo mis momentos de abstracción, pero como las buenas fragancias, en pequeñas dosis.

Dicho esto, dejamos para el final lo mejor, el Wat thaiwattanaram, un templo que nada tiene que envidiar al gran Angkor en Camboya. Y su entorno y momento, en el meandro de un río y anocheciendo, hicieron del lugar un sitio más místico aún si cabe.

yo en lo altoAquí me podéis ver en todo lo alto, mirando a España.

Wat molonSimplemente espectacular

La vuelta en bici de noche otro rollo también, con elefantes por la calle tan ricamente. Si no hubiera sido por el google maps (que habrá algunos diciendo todavía “sisi, pal facebook, pájaro”) creo que no habríamos vuelto. Pero lo que abundan son otros animales, los perros, una auténtica mafia que vigila todos y cada uno de los recovecos de la ciudad. Si creyera en la reencarnación, a esos perros os juro que solo les faltaban la sotana para ser igualitos a los monjes budistas que deambulan por todos los recodos de esta monumental e imperial ciudad.

Llegamos, mientras recreo mi último destino y lo plasmo en tinta y papel, nuestro tren decelera su traqueteo. Un cartel me avisa que hemos alcanzado la siguiente aventura. El resto de nuestros compañeros mochileros comienzan a cargar sus pesados macutos, felices por el inicio de otra experiencia nueva, y vaya si es buena: Chiang Mai y el festival de las linternas.

!Que bello es vivir, pero más bello es si lo haces viajando¡

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