Archivo de la etiqueta: reflexiones

Un momento para recordar: Estambul

“Este pequeño párrafo lo escribí en una servilleta de papel el veintidós de mayo de dos mil quince a las cuatro y media de la tarde. Transcrito tal cual”

La lluvia constante pero diluida deja una pequeña cortina borrosa en el paisaje. Paisaje que me corta el respiro, sentado en una enjuta butaca granate del restaurante DESTAN MEYDAN, a las faldas de la mezquita más bonita de todo Estambul, llamada Ortakoy. Apoyo mi frente en la ventana, está fría. Los últimos coletazos del verano quedaban lejos en el puente entre Europa y Asia, y el otoño se ha instalado con fuerza. Levanto la mirada del tejado de pizarra negro y rojo y más allá del arce otoñal que da un toque más místico aún si cabe a la escena, ya que sus hojas mitad verdes mitad ocre dejan entrever faroles de múltiple colores. Pese al calor agradable que se respira dentro del hotel, el frío del mar del Bósforo me llega dentro. Escasos metros nos separan de sus agitadas aguas donde un sinfín de barcos de recreo, de pescadores o incluso de grandes transportadores de petróleo hacen sus idas y venidas, ajenos al devenir de los habitantes de tan bella ciudad. Louis Amstrong suena en el hilo musical. Al fondo, para culminar esta postal de ensueño, la perla del Bósforo, Sultanhamet. Asoman entre la tenue niebla los minaretes de Ayyasophia, los muros del palacio Topkapi y la enorme cúpula de la mezquita de Suleimán el Magnífico. Un vasto crucero domina las aguas justo bajo tan maña mezquita. Ojea su celular enfrente mío Jéssica, aplastada en su sofá y dejando entrever sus cabellos dorados por encima de sus pequeñas y suaves manos que no cesa de teclear. Y yo me siento bien.

Mezquita Estambul
SONY DSC
Anuncios

Positivismo al poder

Hoy puede ser un gran día, plantéatelo así, aprovecharlo o que pase de largo, depende en parte de ti”

J.M. Serrat

        Me considero defensor acérrimo del positivismo. El positivismo entendido como optimismo, no como estos locos filósofos en su pretensiones de crear corrientes de todo tipo, dándole todo el día al coco de forma casi esquizofrénica. Ya saben, y si no me explico,

aquella corriente que se basa en el método experimental y que se caracteriza por rechazar las creencias universales y las nociones a priori, afirmando que la única clase de conocimientos que resulta válida es la de carácter científico, el cual surge de respaldar las teorías tras la aplicación del método científico”

Yo me acabo de enterar hace 5 minutos, así que no os culpéis. Yo entiendo el positivismo como esa fuerza interior que nos empuja a seguir hacia delante, a mirar las cosas desde un prisma que nos haga conseguir lo que nos proponemos, que no nos haga decaer ni desesperar. Consiste en sacarle una sonrisa a cada momento, verle a todo el lado bueno de las cosas, modificar esas sensaciones y momentos desagradables para obtener de ellas algo positivo. Y me gusta mucho más la palabra positivismo que optimismo, porque en ella implica ya lo que queremos hacer, solo con decirla ya nos predisponemos a lo bueno.

Y esto, para algunos, es jodido de cojones. Pero no os creáis, pese a que el componente de “es que yo soy así” es muy fuerte en esta característica personal, como todos los puntos de la personalidad, es perfectamente trabajable, de tal forma que podemos forjarnos una mentalidad positiva en todos los casos. Yo me considero una persona positiva, optimista. A todo hay que sacarle su jugo, su conclusión, su moraleja. Y ahora saldrá el listo de turno diciendo: ¡Qué se le muera el padre a este con 12 años, a ver que saca de bueno en todo ello! Pues lógicamente eso es un palo muy grande que nadie desea en la vida, del cual es complicado sacar beneficio. Pero es así de fácil, ¿Qué obtienes quejándote y aludiendo a todos tus errores o negatividades la excusa de “se me murió mi padre cuando era joven? Sé que es difícil pensar así en esos momentos, pero probablemente esa persona, si mira desde el prisma adecuado, forjará una personalidad fuerte, madura desde bien joven, y podrá saltar otros obstáculos futuros con mayor facilidad, porque se encontró con la dificultad hace años y supo sobreponerse, supo salir adelante. Esa mentalidad, créanme señores/as, es la ganadora.

Os pongo mi propio ejemplo actual, que ni de lejos tiene que ver con el anterior, pero lleva a la misma conclusión. Ayer mismo me decían que se retrasaba por enésima vez mi partida laboral hacia Marruecos. Todas mis ganas estaban puestas en ese viaje, me quería ir ya (desde hace semanas) y ahora resulta que tendré que esperar otro mes y pico. ¿Qué hago? ¿Me amargo, me encierro en casa a verlas venir, me mato a pajas? No, no soy de esos, ni quiero serlo. Ayer mismo empecé a mirar opciones para viajar este mes. La semana que viene me voy a saltar en paracaídas a Madrid (ou yeah mader faker), acabo de llamar a otra posible oferta de trabajo en el Pirineo para este mes o, quien sabe, para cambiar de aires. No sé, tan fácil como reírse de Rajoy, no tiene mérito. Luego ya llega cuando voy a las discotecas, ahí ya lo del positivismo se aleja de mi cual mujer en cuanto las entro. Pero ya uno se lo toma a risa. ¿Ven? Esa es la filosofía.

Un vídeo enorme sobre positivismo, motivación e inspiración

Hace poco me he encontrado con dos casos que me vienen muy al pelo. Una, señora de 96 años, en mejor forma que yo, y con más memoria, eso fijísimo. Todos los días hace gimnasia, sale un rato y se ducha con la calma. Esa mentalidad positiva es la que la mantiene viva. Además de ser mujer. Siguiente caso, señor de 85 años, amargado y triste, que no quiere salir de casa, decide que no quiere seguir viviendo, y a la semana fallece. El positivismo no es solo alegría, buena onda, felicidad, el positivismo es vida, da vida, mantiene la vida.

Quizás sean paranoias mías, o que se me va la olla, pero lo veo algo tan imprescindible como fácil. En ese preciso momento en el que a uno le llega la mala noticia, en el que el mundo se le viene encima, quiere un “tierra trágame”, ahí es cuando hay que echar palante, comandante, hinchar pecho, barbilla arriba, ojo al frente y gritar por dentro AQUÍ ESTOY YO. Conmigo no pueden ni friser, bubu, célula, senron y los androides juntos. Por eso recuerda, tu principal enemigo eres tú mismo. Cuando no ves el mundo de esta manera, la persona que te está poniendo barreras eres tú.

Desde aquí hago un llamamiento a las personas negativas. Hola que tal? Me responderán que mal pero bueno. Muchas de ellas no saben que son negativas, lo llaman realistas o lo esconden tras lo que llamarían “verdades como puños”. Muchos, a lo largo de mi vida, cuando hablo de cosas positivas futuras, futuros logros a nivel humano en una escala global, me llaman iluso, irrealista, y la puta frase de “vives en los mundos de yupi”. Pues me cago yo en tos los muertos de quien inventó esa frase, porque no es más que la excusa perfecta para todas estas personas que no saben mirar más allá, que se conforman con vivir en la peste con tal de no vivir en la mierda. Pues yo les digo, con esa mentalidad, caer en la mierda es tan posible como cierto, y caerán. Hay otros muchos que saben que son negativos, lo aceptan. En ellos hay futuro, porque como ya he dicho, la negatividad, como rasgo de la personalidad, es perfectamente modulable, podemos cambiar, mejorar.

A los primeros les digo: cambiar esa frase de los mundos de yupi por el impossible is nothing. Vale que no podemos convertir el agua en vino, o comer cianuro y pretender sobrevivir, no soy tonto ni creo que absolutamente todo es posible como verdad verdadera. Pero me es más conveniente esa frase que la anterior, porque la mía me pone la dificultad tan tan tan lejos, que me da más fuerzas para conseguir lo que quiero, la otra frase te limita, te cierra puertas.

El positivismo marca mi vida, la dirige, me permite seguir, obtener metas. Sin las metas, sin objetivos que queremos cumplir, la vida como humanos, como algo más que animales, no existe, nos aleja del componente humano, dejándonos guiar por el instinto. El positivismo ayuda, porque al fin de al cabo, es una manera de ver la vida, es una forma de vida.

Anda hazme el favor y exprime la vida. Sé positivo.

krilin

¿Por qué viajamos?

“Viajar es una enfermedad…que te salva la vida”

Estos días circula por las redes uno de tantos vídeos virales que vemos últimamente. Es el vídeo sobre “El síndrome del eterno viajero”. Su ejecución, perfecta, y su guión, inmejorable. Desde aquí, mi más sincera enhorabuena. Trata de explicar, desde un punto de vista vivencial, en primera persona, esa necesidad que tienen un grupo cada vez más grande de personas de visitar, viajar y conocer cada lugar del mundo, de esa necesidad de no poder para quieto, de la agonía del no poder salir a un lugar diferente y nuevo, incluso esa llegada a un punto en el que no se disfruta del sitio en el que se está porque ya se quiere estar en otro sitio. En definitiva, la adicción a viajar.

Y la verdad que no puedo dar una opinión mala acerca de este cortometraje, ya que me he sentido ciertamente identificado en una gran parte de las reflexiones que realiza esta aventurera. Salvando las distancias, claro está (yo soy más rico, apuesto y juego mejor al fútbol). Describe a la perfección esa sensación que te embarga en los momentos y días previos al inicio de un nuevo viaje. Esas ganas tremendas de querer saber ya lo que te va a deparar el lugar al que vas, esas preguntas y visualizaciones de cómo será el nuevo destino, que cosas habrá que te sorprenderán. Ese sentimiento de agobio al pensar que no te va a dar tiempo a ver todo lo que quieres ver, hacer todo lo que quieres hacer.

Viajamos porque necesitamos cambiar de aires, hacer diferente cada día, eliminar lo cotidiano y dar un toque de sorpresa a nuestra vida. Lo monótono se hace aburrido, y lo aburrido no lo queremos cerca. Esa sensación de tener algo nuevo delante nuestro a cada paso que damos, y que nos hace estar alerta y atentos a todo. Muchos conoceréis lo que se ha venido a llamar “Zona de Confort”. Para los ignorantes de la vida os dejo este vídeo, muy ilustrativo y conocido, sobre este tema.

Pues bien, viajar a sitios significa salir de nuestra zona de confort, entrar en la zona de aprendizaje, aquello que no conocemos, ampliamos nuestra visión del mundo, tenemos nuevas sensaciones y modificamos los hábitos. Es la zona donde experimentamos, observamos y aprendemos. Pero conlleva unos riesgos. Y es por ello por lo que hay personas que tienen más facilidad para salir de su zona de confort y ampliarla a través de la experiencia y los conocimientos. Los viajeros y aventureros con adicción a viajar se encuentran en los primeros escalones de este grupo de personas. Y hay otro tipo de personas que tienen pánico a salir de su zona de confort por el miedo a lo desconocido. Estas personas tienden a quedarse siempre en sus lugares de origen, sin ninguna gana ni determinación de salir a conocer mundo. No nos confundamos, no considero en este aspecto viajar a hacer un viaje. Hacer un viaje puede ser ir todos los veranos a Benidorm (como la mayoría de los españoles), a ver edificios feos y a bañarse en una playa horrible, sucia y atestada de gente, y esto no es salir de la zona de confort puesto que es algo que hacemos periódicamente, de manera repetitiva, y ya conocemos al dedillo el lugar que estamos visitando. Viajar y salir de nuestra zona de confort es visitar lugares nuevos, desconocidos.

Travelistheonlything

Viajamos para ser felices. Viajamos porque nos lo pide el cuerpo. Todo ser humano necesita de estímulos que le activen, que le liberen endorfinas, adrenalina, sensaciones fuertes, nuevas, estimulantes y alegres. Y no todo el mundo consigue liberar estas sensaciones de la misma forma. Habrá quien necesite saltar desde una avioneta a 4.000 y habrá quien necesite coser de una forma diferente un suéter de punto. Hay gente que disfruta leyendo libros e incluso habrá gente que necesitará fumar un chistu (aunque la gran mayoría de los que lo hacen ya lo tienen bien metido en su zona de confort, ahí, a fuego) Por eso hay personas que necesitan viajar más que otras. Pero también…

Viajar es adictivo, engancha. ¡Y de qué forma! Sabemos que esa liberación de estímulos produce tolerancia. Esto quiere decir, que para sentir lo mismo con esa liberación de adrenalina que la primera vez cuando saltamos a la comba necesitaremos algo más intenso, más arriesgado. Y cuando vamos conociendo diferente lugares, tenemos el interés, la necesidad de ir conociendo más y más lugares de una forma más rápida. Nuestras ganas aumentan. Vemos países Francia y queremos ir a Polonia. Vemos Polonia y queremos salir de Europa. Vemos Marruecos y queremos ir más hacia el sur. Conocer, conocer, conocer. Vivir. Vaya si engancha.

Viajamos por curiosidad. El ser humano es curioso por naturaleza, y existen tantas y tantas cosas diferentes en cada parte del mundo, que nunca dejaremos de sorprendernos. Para algunos comerse un crujiente grillo bañado en chocolate es tan normal como para nosotros comernos un caracolillo. Hay en sitios donde amamantar a un chimpancé adquiere casi la misma importancia que amamantar a tu hijo/a, siempre y cuando se le quiera al chimpancé. Pero que os diré, si marear a un toro en un círculo de arena para después cárgaselo es normal en nuestro entorno. Las culturas y tradiciones son tan numerosas como estrellas hay en el firmamento, y nosotros queremos conocerlas todas ¡Qué curiosa es la curiosidad! Y como somos curiosos…

Viajamos por la mera consignación de confirmar que lo que nos contaron es real. Queremos ver si el Machu Picchu impresiona tanto, si las fiestas de la luna llena son tan desbocadas como se lee por ahí, si el valle de la muerte tiene tanto de muerte como de valle. Queremos saber si en China la tienen tan pequeña como dicen, o si en Rusia muerden mesas y se sientan en bocadillos de panceta. Queremos ver aquello que nos contaron, vivirlo en nuestras carnes, verlo con nuestros ojos. Ver si esa foto reflejaba la belleza de aquel lugar o se quedaba corta.

              ¡Qué cojones! Viajamos porque es lo más bonito que existe. Pero no todo es alegría en la viña del señor. No sé si os pasará, pero a mí me ocurre algo muy curioso en los momentos previos a un viaje. Es una mezcolanza de sensaciones que me embriagan, me aturden, me sorprenden y engañan. No me quiero ir. Es esa parte de mí que se pega como una lapa a la zona de confort y no quiere salir. Le da miedo. Sabes que tu verdadera intención es salir, tienes ganas, pero no sabes porque sientes eso. Prefieres la comodidad del sofá de casa. Somos animales de costumbres. Pero no es difícil sobrepasar ese punto, autoengañar a esa parte de ti y decirla: chaval! A mí no me times, que yo me las piro. Y en el preciso momento en el que inicias el viaje, en el que te subes al avión o incluso al bus que te lleva al aeropuerto, ese intento diabólico de dejarte en casa, desaparece, como por arte de magia.

photos

                 Viajamos porque al rememorar momentos pasados de viajes ya casi olvidados, nos sentimos alegres, felices. Si bien estos recuerdos son difusos y se mezclan unos con otros, siempre recordamos nuestras aventuras como algo bueno, divertido, pese a que no siempre sean así. Yo, que queréis que os diga, quiero que el fin el mundo me pille viajando. Y pienso que solo puede salir algo más bonito del hecho de viajar: viajar y el amor.

Así pues, se busca chica interesante, con el hambre insaciable de conocer mundo, con la mente abierta para ser más amigo de alguien que acabas de conocer hace 3-4 días que con su compañero de pueblo o trabajo con el que no compartes nada; con la vena aventurera para poder adentrarse en lo más interno de cada cultura, pese a que mucha veces no sea cómodo, para quedarse atontada por esa nube tan extraña o ese niño que juega a algo que nunca habíamos visto; con la tendencia ciega a perderse y justo en ese momento encontrar la parte más bonita y audaz del viaje; con la pericia para no ser engañada y a la vez sepa convencer cuando sea necesario; con la determinación para no querer repetir destino, ya que existen tantas y tantas cosas y lugares nuevos por visitar; con la curiosidad para probar todo tipo de alimentos, ungüentos, potajes y demás bebidas servidos por personas con las que cruzarás más de un gesto y seña para poder comunicarte; con la curiosidad para unirse a cualquier nueva aventura que la propongan; esa chica que no precise de dinero para realizar las cosas que más le gusten, y que con el poco que le quede en el bolsillo sea capaz de hacer maravillas. Se busca chica como yo. Ya saben dónde encontrarme.

Dicen que cualquier afición llevada al extremo se convierte en adicción, y que cualquier adicción es mala, sea cual sea. Los españolitos con nuestras respuestas tan agudas contestamos: de algo hay que morir. Pues señores, yo no me quiero morir, pero si he de morir de algo, quiero morir de viajar.

Exprime la vida, y viaja mucho.

Paiajes naturales