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Disculpen la molestias

“Lo siento mucho. Me he equivocado y no volverá a ocurrir” (Juan Carlos I, ex-rey de España).

-Coño Jonty, Cuánto tiempo! ¿Dónde cojones te habías metido?
-Bien liao que he estao mi querido WordPress, si tú supieras…

Como cuando hace mucho tiempo que no ves a un gran amigo y tienes esa cierta alegría desarrollada por tu memoria, por tus recuerdos. Así me encuentro ahora. Y pasa lo mismo que con los reencuentros tras una temporada, cuesta encontrar las palabras. Cuesta ponerse al tajo. Quizás en mi caso tenga una doble dificultad. De primeras hace unos 8 meses y 14 días desde que publiqué mi último artículo (que curiosamente empezaba también por un disculpen las molestias, ya me las venía yo venir), los mismos días que llevo sin escribir. Y escribir no es como andar en bicicleta, o esquiar (lo estoy descubriendo últimamente, no lo de escribir, sino lo de esquiar, que hay que explicarlo todo coño!), conlleva una fórmula matemática en el que la cantidad de pérdida de destreza literaria aumenta exponencialmente junto con los días en abstinencia escritorial (sea tecleada o a mano). Influyen en la ecuación la cantidad de drogas, alcohol, resacas pasadas por la vida del sujeto en cuestión. Exprime la vida hermano!

En segundo lugar influye en cierta manera un acontecimiento de cierta importancia en mi vida: he dejado de hablar español a diario. 4 whatsapps a los colegas, algún audio para decir una chorrada en la que solo mis amistades reirían, y alguna lectura rápida en Facebook. Mi castellano se reduce a eso. ¡¡PERO QUE MIERDAS ESTA PASANDO AQUÍ AMIGO!!! Pues sí, señorías (palabro de moda por poco tiempo, ahora que los rastas han entrado en el congreso) hablo menos español que en Legazpi o en Casteldefells. Confirmado también que en zonas de Andalucía no lo hablan, han desarrollado un castellano pa`ellos, así en modo tacaño, pa no dar.

Y lo he sustituido por el francés. Oh, el francés, el idioma del amor, del romanticismo, de la moda y la perfección, de la belleza. El jodido francés que por mucho que hagas el esfuerzo de entonarlo bien, en nuestra condición de españoles castizos, jamás llegaremos a hablarlo con desenvoltura, con la perfección de un parisino sibarita. Pero siempre escucharemos aquello de que nuestro acento tiene charme, tiene estilo, tiene encanto. Creo que por eso estoy aquí. Aquí les gusto a las mujeres. En España les gusto para llevarlas a los sitios, en modo chófer. Creo que debo de dejar de soltar francés sin ton ni son. Ya lo había advertido, la falta de práctica. Es como si llevas 5 años en pareja y el día que cortas con tu novia te intentas hacer una gallola. De ahí no va a salir nada bueno salvo la creación de fuego con tus propias manos. No, en serio, aquí no habla español ni los descendientes de españoles. Miento, hay un senegalés en cocina (miembro de la generación de oro de La Masía, hay es nada. Descarto que descienda de españoles) que lo habla cual vallisoletano, pero solo habla de rabos y negros y al final uno se cansa. No me queda otra, o hablo francés o me condeno al silencio absoluto. Y los que me conocen un poco saben que yo sin hablar genero úlceras de estómago sin control alguno.

Dos son los motivos que me han llevado a mi vuelta a los escenarios intergalácticos donde nos creemos importantes: una baja en el trabajo (costilla rota que me da tiempo libre para tocarme los webs y las cookies) y un par de e-mails. Resulta que la semana pasada recibí dos e-mails de dos personas diferentes a la par que totalmente desconocidas felicitándome por mi forma de escribir, alabando lo interesante de mis artículos y pidiéndome una colaboración o simplemente compartir mis experiencias en otros blogs vecinos. De primeras uno se llena de orgullo y satisfacción y se cree el rey en navidad, y después aparece la parte humana de mí ser y dice: ya se quieren aprovechar de tí para sacar más seguidores en sus páginas wes. Pero yo al fonso negativo lo tiro rápido por la ventana, y me dije: coño ¿Por qué no? Y aquí estoy, ala. Escribiendo de nuevo. Más contento que en brazos.

Por ello, desde un pequeño rincón de los alpes franceses, con más frío que el Yeti y algo de nieve, levanto la cabeza orgulloso y grito a viva voz a mis 3 o 4 seguidores que continúan con ganas de leer mis gilipolleces (pienso en verde y en grande, y pronto veo ordas de justin believers acosando mi puerta demandando éxito, fama y más artículos) para prometer lo siguiente:

+ Que sacaré tiempo de mi ocupada vida para dedicarme a una ociosa pasión, la escritura.

+ Que mis próximos artículos estarán destinados al mes que pasé en Indonesia antes de mi temporada invernal en los Alpes. Bali, Gili T y Komodo Island.

+ Que algún día contaré lo que tuve entre manos durante 6 meses en Kemer, que me hizo parar de escribir y perder 5 años de vida y el poco pelo que me quedaba.

+ Que os haré reír, pero sobre todo os motivaré a mover vuestros sucios y grasientos culos del sofá hacía destinos que jamás habríais imaginado. O que al menos lo intentaré. Intentaré instauraros el gusanillo del descubrimiento, el gusanillo del conocimiento, del inconformismo y de la curiosidad. El gusanillo de las experiencias, porque…

¿CUÁNDO FUE LA ULTIMA VEZ QUE HICISTE ALGO POR LA PRIMERA VEZ?

Pues yo señores, la última vez que hice algo por primera vez fue ayer. Y así pienso seguir hasta el último de mis días.
Exprime la vida resurge de sus cenizas, joder, esto merece celebrarlo. A bientot!

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