Bahamas II: Día Libre

“No permitas que nadie diga que eres incapaz de hacer algo, ni si quiera yo. Si tienes un sueño, debes conservarlo. Si quieres algo, sal a buscarlo, y punto. ¿Sabes?, la gente que no logra conseguir sus sueños suele decirles a los demás que tampoco cumplirán los suyos.

Chris Gardner (En busca de la felicidad).

Y hoy por fin llego el día esperado. Ese día que muchos en animación hotelera lo toman como el relaxing day, o tocarse los cataplines hasta que te salgan costras. Os hablo del día libre. Sí señores y señoras, porque cuando uno trabaja en hoteles, las palabras fin de semana desaparecen automáticamente del diccionario mental, en cualquier idioma que uno conozca. Tener dos días libres seguidos en este tipo de trabajo es como ir al desierto a pedir un zumo de guayaba: IM-PO-SI-BLE. Pero a todo se acostumbra uno.

Así pues, hoy por fin ha llegado mi primer día libre, tras 8 días trabajando sin parar, una media de 12 horas diarias. Y al contrario de lo que suele hacer el resto del staff (no todos, pero la mayoría) yo utilizo mi día libre para aprovecharlo al máximo, hacer la mayor cantidad de cosas posibles. Y hoy la verdad que no lo he hecho mal. Por ello, dejaremos para más adelante la vida en un hotel de este tipo, y y habiendo contado como fue el viaje de llegada (Bahamas 1: el viaje) os pasaré a contar como he encontrado esta recóndita isla del caribe en este mi primer vistazo. Cierren los ojos, bueno no que si no jodido para leer, dejen llevar su imaginación y viajen desde el propio sofá de vuestra casa. Let’s go madafackas!

Mis ansias por salir del hotel no me dejaban ni dormir las reglamentarias 8 horas que un ser humano normal requiere para su completo reposo, con 6 te vale cacho carne, parecía decir mi cerebro autóctono. Si hay una cosa que amo de los buffets de los hoteles, son los desayunos. Algún día un buffet restaurant de un hotel me pedirá matrimonio por la mañana, y yo aceptaré sin dudarlo. Imaginen una vida de ensueño entre mermeladas, tostadas, bollería, zumos, frutas, huevos preparados de mil maneras, desayunos ingleses con todo tipo de guarradas… ¿Qué más puede pedir uno? Una cama hecha de chocolate y poco más existe tan grande en la vida.

En fin, que me está pegando el LSD más de la cuenta, desayuno de los que hacen historia para aguantar una larga jornada y rápidamente a coger la bicicleta. Pero no una bicicleta cualquiera no, un bicicletón más guapo que Julio Iglesias. Una Harley Davison convertida en bicicleta con ruedas más gordas que el cuello de Alonso.

BicicletaAquí tenéis la señora bicicleta en cuestión.

Llevan el freno pedal típico holandés, eso que jamás tendremos en España a no ser que pasen la aplanadora 6000 por toda la península Ibérica. Una gozada para paseos oiga. Lo cual os hace una idea de la planicie de este lugar. Si ves una cuesta aquí, deja las drogas, te estás pasando. El hotel se encuentra bastante apartado del centro neurálgico de la isla, llamado Freeport. Pero Freeport se divide poco más o menos en dos partes, Downtown o el centro y Port Lucaya. Hoy he ido a este último. Se encuentra a 20 minutos en bici a buen ritmo del hotel, el Viva Wyndham Fortuna Beach. Por el camino, como vais a comprobar ahora mismo en este video, una gran cantidad de nada prepondera frente a todo. Carreteras rectas con semáforos colgados de 4 cables, chalets de maderas horizontales de los más variopintos colores, apartahoteles a ambos lados de la carretera, moteles de los de las series americanas, furgonetas del estilo “ranchera” conduciendo por la izquierda (recordemos que Bahamas forma parte de la Commonwealth y fue una antigua colonia inglesa), tendidos eléctricos sobre postes de madera, árboles aguantando como pueden a la exposición del sol y el salitre marino y basta. Muy jodidamente yanki todo.

señal carreteraComo antigua colonia inglesa, se conduce por la izquierda.

El turismo en este país comenzó como todos sabemos siendo un turismo de lujo. Entre la carretera que me conducía a Port Lucaya y el mar encontré una enorme residencial repleta de casas privadas de tamaño considerable con un sinuoso conjunto de canales que conducía a todas y cada una de ellas, con salida al mar. Esto significa que en vez de tener el Dogde aparcado en la puerta (que también), tienen un notable barco a motor que les lleva hacia las cristalinas aguas caribeñas. ¿Menuda mierda no? Sí, pobres desgraciados los que residan allí.

Y Port Lucaya tiene algo de similar, una agrupación de hoteles de gran tamaño, con un puerto deportivo de lujoso renombre y en el medio de todo el Port Lucaya Market, un conjunto de casetas de madera de todos los colores vivos imaginables (no soy mujer como para describirlos correctamente, mi rico castellano se queda aquí) con todo tipo de artículos para el turista: souvenirs, liquors, refrescos, ropas y camisetas, trabajos en madera, perfumes, joyas de alto lujo, restaurantes, bares, cafeterías, pizzerías, karaokes, una plaza central con quiosco para conciertos, información turística, salidas en barco, un centro con delfines y muchos puros Montecristo. Y todo a un precio desorbitado.

Cabinas telefónicasCabinas para llamar a los familiares en USA y que no se preocupen por tu triste vida.

port lucayaEntrada a Port Lucaya Market

Como os comentaba antes, el turismo en este país fue un turismo de lujo. En la actualidad la facilidad para viajar ha aumentado en gran medida, y eso unido al abaratamiento de los aviones, permite que mucha más gente de todos los tipos, clases y colores, puedan ir a países de todos los tipos, clases y colores. Pero no olvidemos que Bahamas en un paraíso fiscal, lire de tasas en muchas cosas, lo cual hace que puedan montar los precios bastante. ¿Cómo lo hacen los autóctonos para vivir? Buena pregunta, en el próximo episodio…
Os pondré varios ejemplos: un paquete de Camel cuesta 8$, un bote de nutella (nocilla) son 12$. Un souvenir tipo llavero, dedal, imán ronda los 4-6$ (la media son 2-3€). Una botella de ron malo no baja de los 25-30$. Una cerveza en un bar son 3-4$. Para los amantes de la cerveza como yo decir que he añadido ya 2 nuevas cervezas a mi extensa colección de botellines: la Sands y la Kalik, ambas bahameñas. Notables néctares de cebada.

parque coloridoMás fotos de los coloridos edificios de Port Lucaya Market.

Sobre la 12 de la mañana los bares de moda ya estaban atestados de jóvenes estudiantes yanquis disfrutando de su Spring Break, que para los que no lo sepan, consiste en una semana en el mes de Marzo de viaje al caribe (Bahamas, México, Cuba, Rep. Dominicana…) de desfase total en los primeros años de universidad. Algo así como la semana blanca pero con un objetivo bien distinto. No os preocupéis, que como toda la mierda que se exporta de los EEUU, pronto llegará a Europa. El hotel lo tenemos plagadito de jóvenes borrachos durante todo el día con la testosterona por las nubes y con menos capacidad espacial que un escarabajo patatero. Tienen la poderosa habilidad de abrirse la cabeza con cualquier objeto punzante.

En esas decidí, antes de verme envuelto en una vorágine alcohólica que impediría realizar el resto de actividades planeadas, volverme para el hotel. Ya casi no tenía tiempo y la siguiente actividad esperaba, la mejor y una de las razones por las que he venido a este recodo del mundo: el submarinismo. A partir de hoy he comenzado a sacarme el segundo título de buceo: el Advanced. Una inmersión bastante chula con el centro de buceo enclavado dentro del propio hotel y regentado por un malagueño, con instructores de Holanda, Francia, Bahamas y Polonia. Muy crisol de razas todo. 54 minutos de pecio, un barco hundido a unos 18 metros de profundidad con algún que otro pez león dentro y muchos peces loro.
Bahamas es mundialmente conocido por los submarinistas porque en sus aguas se pueden encontrar de manera muy factible uno de los animales más poderosos del mundo submarino: los tiburones. Y hoy no ha sido menos. Un reef caribbean shark o tiburón caribeño de arrefice de poco más de metro y medio ha rondado las inmediaciones del pecio durante toda nuestra inmersión. Lo cierto es que esperaba encontrarme con más fauna, con muchos más peces tropicales. Pero solo ver aquel escualo merodeando el barco Unicex de 30 metros de eslora ha valido la pena.

Y para acabar de reventar mi maltrecho cuerpo, unas buenas lanzadas en el trapecio. El hotel entre todas sus actividades cuenta con un trapecio con plataforma a 7 metros para la realización de saltos con diferentes posturas que uno va aprendiendo. Mucho ya me habréis visto volar en un video que colgué el año pasado, por si acaso, y porque me gusta gozármela, os lo pongo otra vez:

Y en esas ha finalizado mi tarde, refrescando todo lo aprendido en mi paso por el trapecio marroquí. El resto, unas gordas hamburguesas americanas en el bar de la playa del hotel, a escasos 10 metros del agua, con una fría cerveza en la otra mano y sonriendo entre dientes, a sabiendas de lo afortunado que soy estando donde estoy.
Pero no me cansaré de repetirlo, el que quiere puede, nada es imposible, y nunca digas nunca. Recientemente discutía con cierta persona sobre la posibilidad factible de todo el mundo de hacer la maleta y marcharse a otro lugar. Ella me sostenía encarecidamente y con buenos argumentos que no todos pueden hacer lo que yo me dedico a hacer siempre que puedo, que es moverme por el mundo a mis anchas. Pero creo acercaba más su “poder” en cuanto a posibilidad a un “deber”. Me explico, un padre puede coger una maleta e irse. Pero eso no sería lo correcto, no debería hacerlo, porque tiene una familia a sus espaldas. Pero la posibilidad existe, si de verdad es lo que él quisiera hacer, lo podría hacer. Todo se resume en una cuestión de prioridades. Y yo tome la mía. Antepongo el conocer mundo a una vida cómoda, probablemente mejor económicamente, y sin sobresaltos. Y también probablemente con novia. Pero la vida es una constante toma de decisiones, y yo hace tiempo que tome una gran decisión. El “joder, encuéntrame un trabajo y me voy fijo allí contigo” no me vale en absoluto, porque si de verdad quisieras venir, serías tú mismo el que estarías ahora buscando ese trabajo.

Por ello os digo, leer las aventurillas de alfonsillo el cabeza rapada están bien y tal, pero levanten sus perfilados traseros, abran la puerta, y vayan a ver el mundo. Son tantas las cosas por visitar, los lugares por conocer, que no hay ni un momento que perder. Ya saben, si pestañean se lo pierden. Expriman la vida. Y no olviden cagar alguna vez en su vida con la canción de My Way de Frank Sinatra, con el ritmo acompasado, el final será….simplemente apoteósico.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s