Un ejemplo más

“Haz de tu vida un sueño y de tu sueño una realidad”

Antoine De Saint Exupery

Cada día son más las personas que, movidos por la poderosa curiosidad, se aventuran más y más lejos, donde sea necesario, para perseguir sus metas.

No se si  esto está ocurriendo en todas partes, a todos los niveles, o si por el contrario corresponde el viejo dicho de la sabiduría popular “dios los cría y ellos se juntan”, pero cada vez son más las personas a mi alrededor los que me sorprenden para bien. Me sorprenden porque el aumento es exponencial. Me sorprenden porque un día se levantan, hacen la maleta, cogen un avión, y se van en busca de aventuras, en busca de lo desconocido, en busca de libertad, en busca de una meta, de un sueño. Esa eterna adicción, que una vez te pica, te impide permanecer quieto en un mismo lugar, y te obliga a conocer, conocer y conocer. Te obliga a que tus ojos vean constantemente cosas nuevas, personas nuevas, paisajes nuevos, buscando el amanecer más bonito jamás visto.

La coyuntura social en la que vivimos también tendrá algo que ver, es posible. Pero prefiero no pensarlo así. Prefiero pensar que el gusanillo de viajar les ha picado a todos. Ya escribí hace un tiempo en ¿Por qué viajamos?  todas las razones que nos mueven a viajar. A día de hoy ya tengo conocidos (es decir, cobijo) en Dinamarca, Berlín, Londres (a patadas), Luxemburgo, Grecia, Marruecos, Túnez, Senegal, Chile, Costa Rica, Bolivia, México, EEUU, Canadá, Australia, Shangái y un mediano etcétera. Y ahora en Córdoba, Argentina.

Porque este es un ejemplo más. El ejemplo de Míriam. Un ejemplo de una soñadora, de una mujer que un día abrió los ojos y lo vio claro. Vio que tenía que volar, y abrió las alas. Porque “cada vez tenía más claro que un día agarraría el saco, dejaría todo, para perseguir mi sueño: aprender de los grandes de la creatividad”.

Personas como ella, como Míriam, son muy necesarias. Necesitamos más gente así, y cerca, muy cerca. Por eso, se que, como fuimos picados por el mismo gusanillo, algún día nos volveremos a cruzar, como ocurrió el sábado pasado con otra bellísima persona tras 2 años, o como en Estocolmo en 2012, o en Bruselas en 2011, o quien sabe, como ocurrirá mañana mismo. Abran las alas y expriman la vida.

“El mundo es demasiado pequeño cuando tienes ganas de conocer cada rincón”.

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