Toulouse: que ver en un día

Me dejan en la zona de St Cyprien, muy cerca del centro, mochila en la espalda y mi vieja Sony nex-3 al hombro, con la emoción de saber comenzar un viaje nuevo, una aventura nueva, cuando la anterior viene de terminar.

Y frente a mis ojos, Tolosa, capital de Occitania, cuarta ciudad francesa, tradicionalmente aeronaútica, la ville rose aunque si mi vista aún no falla el color de sus edificios es más bien anaranjado o marrón claro, es conocida así debido a la coloración que los típicos ladrillos de arcilla cocida dan a los preciosos bâtiments de la ville.

En mis primeros metros dirección al Pont neuf ya empieza uno a distinguir la esencia toulousain: hermosas francesas se mueven de forma nerviosa en pequeñas bicicletas vintage, un enorme black con cascos aún más grandes avanza ocupando media acera a gran velocidad, un grupo de jóvenes con la gorra en la nuca espera en la esquina que les llueva un trabajo, y entre tanto, miles y miles de pequeñas boutiques, cafes, restaurantes y boulangeries de todos los tipos, sabores olores y colores decoran cada bajo de esos edificios aladrillados. Destila clase y ambiente.

Al pasar el puente, el Garona o la Garonne en todo su esplendor me hizo recordar a mi gran Bordeaux. Y en sus orillas, la juventud aposenta sus aún nuevas posaderas en los escalones más próximos al agua, para pintar, beber, leer, fumar, tocar una infinidad de instrumentos o simplemente pensar. Maravilloso.

SONY DSCImagen desde las orillas de La Garonne

Ver una ciudad de la belleza de Toulouse en un día es bastante complicado, y más con la cantidad de variedad cultural que posee. Pero imposible, como nada, no es. Lo primero que recomiendo por ello es alquilar una bicicleta. ¿Por qué? Sencillo. En primer lugar, Toulouse es una ciudad con mucha tradición ciclista, todo el mundo se desplaza en bici. Segundo, su suelo totalmente llano, la disposición de sus calles y todo el trazado urbano adaptado a la movilidad ciclista. Y tercero, se ve todo de una forma divertida y rápida. La mejor opción son las bicicletas que ofrece el propio ayuntamiento: parkings de bicis cada 200-300 metros por toda la ciudad, con una tarjeta de crédito se compra un plan de 24 horas por 1,5€ y después pagas lo que la utilizas. La primera hora es gratuita, por lo que si vas cogiendo bicicletas cada 30 minutos y dejándolas en diferentes estaciones (os aseguro que es enorme el número de parkings que hay), el coste asciende a un mísero euro y medio ¿Bueno, bonito y barato? Seguro que sí.

Toulouse emana cultura por los 4 costados, se ve desde que llegas. Por poneros un ejemplo, en mi pequeña estancia de 4 días pude ver un festival de cine español llamado CINESPAÑA, con 5 salas de cine proyectando más de 15 películas al día; La Novela, un festival del conocimiento con charlas, conferencias, exposiciones, conciertos, etc. Por toda la ciudad; y la Color me Rad, una carrera de 5 km donde todos los corredores acaban llenos de pintura. Ello sin contar bares con conciertos en directo, happy hours de tapas gratis (impensable en Francia!!!!)… La folie, que dicen los hijos del canard. Por ello es recomendable checkear la actividad cultural en internet para ver que nos puede interesar, además de que gracias a exposiciones muchos monumentos pueden estar abiertos al público de forma gratuita.

Exposición de La novelaSala en Couvent des Jacovins, exposición de La Novela

Nuestra ruta puede comenzar mismamente en la rue de Metz, la calle que da al pont neuf, una preciosa y animada calle, principal salida del centro. En ella podemos encontrar el Hôtel Assézau, con un pórtico y patio interior precioso, propiedad de una antigua familia pudiente de los tiempos de esplendor de Toulouse, en el siglo XV.

Para meteros un poco en historia saber que la ciudad fue mundialmente conocida por el Pastel. Algunos ya se relamen, pero nada más parecido, sino que el pastel es una flor que desde tiempos inmemoriales (los egipcios ya la usaban) se utilizaba para teñir la ropa de un azul poderoso.

En Francia, durante el renacimiento, la región occitana y Toulouse a la cabeza se imponen como el corazón del comercio europeo de “lo azul”. Los que se convertirán en los más célebres comerciantes pasteleros de la historia se instalarán aquí, acumulando fortunas extraordinarias y llenando la villa rosa de preciosos y costosos edificios. Esto es la base para entender un poco la historia de la ciudad y porqué es tan bonita como la ven nuestros ojos.

Hotel d'azzanePortada del Hôtel Assezau

Si continuamos por esa calle nos encontraremos d’abord el musée des Augustins, el gran hotel (ahora tiendas de Boss y Habitat, pero dentro conservan todavía la recepción y una gran vidriera del siglo XIX), la gran catedral de St Etienne (de las catedrales más extrañas visitadas, con una historia más que particular) y al final el Monument aux morts un bonito arco del triunfo.

Pero nosotros cortaremos mucho antes, por la rue Saint Rome, arteria comercial (peatonal, importante saberlo) del centro, que nos lleva directos hasta El capitole el enorme edificio presidencial de la ciudad. Una vez en el centro, es necesario dar paso a la imaginación. Todas las callejuelas y travesías tienen algo, rebosan belleza. Elija una y atraviésela, siéntese en uno de sus cafes en alguna plaza escondida, compre un pain au chocolat en las panaderías de horno artesanal (lo siento señores de la tortilla de patatas, pero en esto y en el queso, los gabachos nos ganan), en definitiva, disfrute, Profitez!!

Desde la esquina noroeste sale una calle (agencia de viajes Club Med en su inicio) que nos llevará girando la segunda a la izquierda hasta el Couvent des Jacobins visita indispensable de la ciudad. Dentro del recinto, comenzado en el siglo XIII, un precioso claustro, una sala capitular, sacristía y capilla de San Antolín, son los mejores ejemplos de la arquitectura languedociana. Edificio totalmente construido con ladrillos rojos, uno no puede salir de allí sin elevar la vista hasta el alejado techo y abrir la boca con cara de estupefacción al ver “la palmera” una gigantesca columna que finaliza en una estructura arquitectura de perfecta elaboración, similar a una palmera árabe.

Couvent des JacovinsConvento de los Jacobinos.

De allí desharemos nuestros pasos (o nos inventaremos otros, no soy un gran fan de seguir las guías al pie de la letra, por lo que jamás osaré que alguien haga exactamente lo mismo que yo) para subir por la Rue du Taur (paren sus pies en la iglesia Notre Dame du Taur, curiosa cuanto menos) hasta llegar a la gran Basilique St Sernin, obra de arte de románico. No soy un gran experto del románico ni del arte arquitectónico en general, pero a mí eso me suena a engaño o estafa. Ves las míticas iglesias románica españolas de 50mx20m con muros más gruesos que las piernas de falete y después te encuentras esta pedazo de catedral y dices…¡Oiga, que aquí hay gato encerrado! O estos franceses eran mu listos y su románico era nuestro gótico o que pedos, que diría mi gran amigo hondureño.

Al lado, el musée St Raymond posee una colección más que interesante, pero que en un día de visita es más que complicado. Pero repito, la opción hay está para los más osados y amantes de los museos. Sí que os recomiendo que por la calle Taur cojáis la primera a la izquierda y la sigáis hasta encontraros una tienda especializada en cervezas, os aconsejarán de lujo y podréis comer muy bien también (de lujo ya es mucho decir). El lugar se llama Un bout du monde en la rue des Penitents gris.

St SerninBasílica de St Sernin

Una vez allí tenemos varias opciones, podemos coger la bicicleta y salir todo hacia el este hasta el canal du midi. Consiste en una mega construcción del siglo XVII de más de 4 años de diseño y 16 de trabajos a cuyo autor, Pierre-Paul Riquet, le valió toda su fortuna y la muerte, ya que no pudo verlo terminado. Está enterrado en la catedral Saint Etienne (nota que muy pocos saben y que da un super valor a esta guía en español 😉 y solo decir que su obra faraónica permitió en la época la navegación fluvial entre las dos costas francesas, para los de la LOMCE, une el Océano Atlántico y el Mar Mediterráneo. Una vez sabido esto, bicicletear a sus orillas se convierte en algo mucho más interesante. Bajando por el canal du midi hasta el Port St Sauveur nos permite llegar a la zona de los parques, donde podremos dar de comer a los animales como unos auténticos octogenarios. Trop cool! No se permite meter las bicis en dichos parques (Grand rond, jardín royal et jardín des plantes) pero si tenemos tiempo merece la pena salir de la jungla de asfalto.

Para comer, sinceramente ça serv a rien de vous dire un sitio en concreto. Como he dicho al inicio del post, la oferta y variedad es tan enorme, que hay opciones para todos los tipos de gargantas, seguro que incluso para los veganos de nivel 10, que solo chupan musgo. Tailandeses, libaneses, paquistaníes, italianos, bares de tapas, chinos y japoneses. No me sorprendería encontrar un restaurante de especialidades butanesas.

Justo detrás del Capitole nos encontramos con el bello edificio de l’office du tourisme. Es interesante saber que se realizan visitas guiadas de diferentes temáticas todos los días por unos 6-10€ y que pueden cubrir dos horas de vuestro tiempo culturizándoos y conociendo algo más la historia de la ciudad.

Como algunas cositas sueltas y curiosas a contaros: en la rue de Alsace y Lorraine tenemos un claro ejemplo de que no solo existen ladrillos rojos en la ciudad, sino también grises, amarillos y de diferentes tonalidades. En la misma calle nos encontramos un curioso reloj que marca las 24 horas del día. Fijen bien sus testas en lo alto y observen. Muy cerca tenemos la Iglesia de St Jerome. Sorprende por su bizarrismo total, ya que desde fuera casi ni se ve, su disposición es de dos semicírculos entrelazados y en su interior…la mejor manera de explicarlo es decir que asemeja a un teatro renacentista italiano. Como lo oyen. Un pequeño pasillo nos lleva hasta la rue de la Pomme y aquí os mostraré un secreto: al final de esta calle en dirección a la plaza ST Georges, antes de terminar, penetrar en un pequeño impasse que da a un patio interior con una de las casas más bonitas de la ciudad, aquí la muestro.

Rue de la pommeRue de la Pomme

Por último, pero no por ello mucho más importante, para reposar de una gran jornada y mojar nuestro gaznate, vayan a una de estas dos plazas: place saint pierre, a orillas de la garonne en el mismo pont st Pierre (pasaros por Chez Tonton); o la place St Georges, la plaza conservada más antigua de la ciudad con edificios aún en madera (quedan unos 250 en todo Toulouse), verdaderamente coqueta.

Esta ha sido mi pequeña guía de Toulouse, quedan muchas cosas por ver y visitar, pero siempre hay que dejar algo en el tintero, como motivación extra para retornar. Mi consejo: no sigan las guías al pie de la letra, son totalmente subjetivas y cada persona tiene unos gustos diferentes, por lo que siempre es aconsejable contrastar la información y elegir. Libre albedrío detestadísimos lectores. Hasta la próxima aventura, bien cerquita, llamada…TAILANDIA!!!

Y no olvidéis que, como dijo el gran Sabina, como fuera de casa en ningún lao.

Expriman la vida

 

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