Stop árabe

Only in Marruecos

“La vida es un viaje, y viajar ayuda a vivir” (Proverbio bereber)

Marruecos es un país diferente, impactante. Desde el primer momento que pisas tierra en suelo magrebí notas la diferencia. Muchos dicen que es como España hace 50 años, pero no estoy de acuerdo. Puede tener sus semejanzas en muchos aspectos de la vida cotidiana, pero ni mucho menos es similar a la España franquista. Y eso es debido a que, cada país, como cada persona, debido a su crecimiento en su etapa de juventud, a sus influencias, a su entorno y a su sociedad, se desarrolla de una forma totalmente diferente. Como un vasco y un andaluz. Están cerquita si, hablan el mismo idioma, pero no se parecen ni en el grosor de las cejas.

En este post, con información tan reciente, os iré relatando, en un tono (espero) humorístico, todas las cosas que he visto en mi pequeña estancia en el país de los Mohameds que me han hecho decirme: WHAT A FUCK… Allá vamos. Siéntate Khoya, y disfruta. Morocco sin reglas, Morocco sin límites.

Salam Aleikum. Lo primero que estalla en tus ojos al incorporarte a la vida en las urbes marroquíes, nada más salir del aeropuerto, es el bullicio de sus carreteras. Llamémosle bullicio por no decir tráfico infernal, sistema caótico y sin control alguno. O al menos eso pensamos. Lo cierto es que se rigen por otro código de circulación, por otras normas, por otros gestos, que a nuestra vista desenfocada de occidentales sin mundo, nos parece lo más caótico y desordenado posible, pero en realidad, y como todo en la vida, dentro de esa desorganización existe un orden que es necesario años de experiencia (o nacer allí) para entenderlo.

 calles marroquís

Para empezar los cinturones de seguridad no son obligatorios, los cascos en las motos en principio si (pero que baje dios y lo vea si eso es cierto o se lleva a cabo) y lo de máximo 5 en un coche no lo escribió Allah en sus mandamientos (existen dos tipos de taxis, los petis y los grands taxis, los cuales llevan a 7 personas, dos adelante más el conductor y 4 atrás). Por el hotel escuché una frase muy buena: ¿Qué diferencia hay entre los semáforos en Francia, España y Marruecos? En Francia son obligatorios, en España son facultativos y en Marruecos son decorativos. Y he llegado a ver la navette del curro pararse con el semáforo en verde y cuando se puso en rojo arrancó para pasar el cruce. Juro.

En Marrakech la circulación es dominada por las mobylettes, pequeñas motos de 60 cc (habla Alex Crivillé, experto en motos desde 1989) sin ningún tipo de matriculación, lo cual imagino que significará que cualquier hijo de vecino moruno puede llevar una de esas; y que circulan sin ningún orden ni regla fijo por todas las calles de la ciudad. Y cuando digo todas las calles, DIGO TODAS. Calles que no deberían ser nombradas ni como calles (callecinas chiquitinas en todo caso) son controladas por conductores kamikazes que con el claxon como único arma campean a sus anchas bajo saltos y gritos de los turistas más desprevenidos. Lo del casco es otro cantar. La ley chorra de circulación marroquí-mobylettil indica que se debe llevar un casco por moto, independientemente de cuántos vayan en la moto (el rango varía entre 1 y 4 personas). Lo que no debe indicar la ley es que tipo de casco. Lo he visto de todos los colores y olores: cascos de pichiglas, cascos a modo de gorra cani, que se sujetan por obra y gracia de Allah en la nuca del susodicho; cascos de bicicleta, nunca puestos al derecho (no sé si lo hacen adrede o es para hacer reír al personal, pero siempre llevan la parte trasera en la frente, lo que les da un aspecto de triceratops bastante cómico) y un sinfín de variantes sobre sus cabezas marcadas por los tapices mágicos.

Pero milagrosamente, sorprendentemente, o guiados por el profeta Mahoma, los accidentes no son muy comunes. Al-hamdu lillah, o lo que es lo mismo, gracias a Dios.

Digo lo de las cabezas marcadas, porque muchos de los hombres pasean con orgullo en su frente una marca, algo más oscura que su piel, en el inicio del cabello, para el que lo tenga. Al principio no asimilaba tal afirmación y mi cabeza, malgastada por tanta fiesta y despiporre, obnubilada por nuestra Europa de pacotilla, solo podía pensar: ¿Se dan de ostias por las mañanas para despertarse? ¿Llaman a las puertas con la cabeza? ¿Se lo pintan para que el día que les apunten con un fusil lo tengan más fácil? PUES NO. La explicación, odiosos lectores deseosos de conocer la verdad, es que en sus 5 rezos diarios (5 si, ni 1, ni dos ni tres, sino cinco) se castigan la frente con el tapiz de rezar, que al parecer es de lija del 15, y se les queda marca. Porque esa es otra, y llegamos a un momento gunico, gustoso, y es el de la llamada a la oración.

La que más me gusta a mí, es la de las 5:30 de la madrugada, todos los puñeteros días, que te despierta gustosamente de la cama para ir a mear y ya de paso a cagarte en todos los santos profetas del islam de aquí a Yemen (sobre todo si vives a escasos 100 metros de la mezquita más grande de la ciudad, con megáfonos que ya los querrían en el camp nou). El famoso Allahu Akbar.

Mi idea de occidental paleto era que el mundo se paraba en el momento de la oración. Insha’Allah (Si Alá quiere) ya que así habría algo de tranquilidad en la ciudad. Pero nada más lejos de la realidad. Nuestra idea de islamistas con barbas kilométricas y señoras con ojos como única parte del cuerpo visible se aleja mucho de la realidad, o al menos de la realidad más visible. Eso sí, la proporción de mezquitas por la ciudad es aproximadamente similar al número de bares en un pueblo español. A ojo de buen cubero.

Siguiendo con las motos, que me fascinan mucho, no es preocupante ver a una familia al completo montados en una mobylette que si pudiera hablar, pediría clemencia y una muerte digna. O televisiones de culo ancho (culos de señoras sudamericanas entradas en carnes) atadas a la cascarría de moto. Las hay que me hacen mucha gracia. Es una mezcla entre camioneta y moto, es decir, una moto-carromato. Que en su parte trasera suele albergar 2.500 huevos frescos, pieles frescas, o pollos vivos. Estos motorcarros circulan por el laberinto de calles que es la Medina de Marrakech, haciendo imposible el paso de otro ser humano en el mismo momento. En muchos casos he visto grupos de locales levantando a pulso el automóvil primitivo para conseguir que gire por una calle, ya que de lo contrario se quedaría atascado hasta el juicio final.

Hago una pausa para relatar el What a fuck de los whates a fuckes. Camino de Essaouira el otro día, vi un árbol lleno de cabras. Así a modo de ardillas. Como si el árbol diera cabras en una determinada época. Así, como lo leen. Reflexionar.

Cabras en los árboles

En las calles de marruecos te puedes encontrar cosas tales como tabaco de extraña procedencia a 1€ (dicen que viene de Argelia, pero mi idea es que lo hacen los yanquis para matar a yihadistas adictos a la nicotina), higos chumbos vendidos por risueños moros manchados de morado por toda la cara (si comes muchos son indigestos, pero alucinógenos yo creo que también, no hay más que verles las caras), música coránica-satánica a toda tralla, galletitas de coco a 1 Dh (10 céntimos de €, no me preguntes de que están hechas, pero son ambrosía pura y dura), brochetas de carne en planchas de la edad de bronce que tampoco se limpiaron desde la edad de hierro (jamás verás jaluf por allá, o como se diga, cerdo vamos). Toda la ropa es de marca, más falsa que un collar de sandías, pero con el logo de la marca bien visible, aumentado x3, y con un modisto siempre atento para hacerte los bajos en cuestión de segundos y por unos míseros 15 Dh. Las chocolatinas están a 1 o 2 dh, cuando lo descubrí estuve bailando unas horas de alegría y felicidad (hay chocolatinas con nombres españoles, Sergio, por ejemplo, lo cual me da que pensar dos cosas: que o bien somos muy dulces para ellos, o que nos quieren merendar en cuanto estemos desprevenidos).

Pasteles marroquíesUn puesto con pasteles marroquís

Al lado te puedes encontrar fácilmente, una farmacia, una tienda de neumáticos, lagartos, tortugas y camaleones pidiendo clemencia en jaulas o carnicerías con unas condiciones higiénicas excelentes. Ver media vaca colgada al sol con una mísera ramita de menta para intentar espantar a un ejército de 100.000 moscas es del todo apetitoso. Y también puedes encontrar alcohol en cualquier esquina. Si por los cojones. Queridos cerveceros del mundo, no vengáis a Marruecos, o a cualquier país musulmán en definitiva. Es misión imposible poder beberte una cerveza en el centro de la ciudad. Algunos restaurantes u hoteles lo ponen, a precios elevados, pero está bastante jodido, la verdad. En su defecto tienen el Hawaii (si no me equivoco), una especie de fanta algo más “tropical”. Incluso en los supermercados, el alcohol está en locales aparte con horarios diferentes.

Sí sí, cabras en árboles.

El sistema de limpieza de los puestos y sus aledaños también es muy curioso, llamémosle rústico. Debido a que es un clima tan seco, lo primero que hacen es regar la acera, con cazos de diversos tamaños y colores, con botellas de cola con los tapones agujereados (una regadera reciclada en toda regla). Las fregonas, ese invento español por excelencia, no han llegado al país vecino. Así que, para apartar los cagadotes de los burros de carga, que por otra parte tampoco cagan mucho porque para cagar hay que comer, es necesario el tiempo y una caña. Vamos que ya se irá la mierda con sus patitas a otra parte. Hago una pausa para los que estén pensando que el racista este se está quedando agusto, opino que tienen una cultura de la higiene que ya nos gustaría a nosotros, sin necesidad miles de cremas y ungüentos artificiales para cada cm2 de nuestra piel.

Y es que burros los hay a patadas. Para la menta, para el té, para las verduras, para los huevos, para televisores, para desplazarse, para las baratijas, para las especias, para las lámparas de aladín…Burros como medio de transporte de cualquier elemento digno de ser transportado. Burros, mobylettes y bicicletas.

Es curioso también ver en medio de la ciudad enormes palmeras de unos 20 metros de altura. A los ojos incautos de un turista, a primera vista, sorprende ver unas palmeras tan perfectas, tersas y en buen estado. Hasta que descubres que es más falsa que un político. Palmeras telefónicas las llamo. Repetidores de señal telefónica, y probablemente de radio también.

Solo en Marruecos ves gente jugando al fútbol a cualquier hora del día, en cualquier terreno de juego y con cualquier material posible. Tienen más afición al futbol español que nosotros. Solo en Marruecos vemos hombres en las calles ofreciendo masajes y hammans, paseos en calesses de caballos o visitas guiadas por la ciudad, niños pasadas las 12 de la noche vendiendo juguetes y demás artilugios, senegaleses vendiendo móviles de última generación o señoras ofreciendo tatuajes de henna y pintándotelos aunque no los quieras; monos con correa o cobras más drogadas que Armstrong y Whitehouse juntos.

En todos los sitios que he visitado o vivido, uno siempre se queda con las ganas de haber conocido más cosas, visitado más sitios, comido platos diferentes. En el caso de marruecos, y en concreto de Marrakech, esta sensación es mucho más fuerte. Mis dos meses en la ciudad que da nombre al país se han pasado como dos horas de reloj casio wáter resist más puntual que el reloj atómico de Paris. Ma’a ssalamah.

Seguir viajando, aunque sea en vuestra imaginación. Solo os hará bien, y os permitirá exprimir la vida.

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