Torre Pendente de Pisa

Un viaje a la Toscana

“Quando ero bambina passavo ore a cercar farfalle, ma un giorno mi arresi e mi addormentai in un prato. Al mio risveglio me le ritrovai su tutto il corpo».

Bajo el sol de la Toscana

           ¿Quién no ha soñado alguna vez con un viaje idílico a la Toscana? Ellas, siendo arrastradas por un elegante y atractivo spaguetti a un edificio solariego con las más altas prestaciones y comodidades. Nosotros, conduciendo una Vespa de aupa new team con una hermosa fémina detrás (nos da igual que sea italiana o no), por los preciosos campos y viñedos toscanos. Te haces a la idea y merece la pierna eh.

            El mío no fue así. Todo se andará, pero fue de otro estilo. Del estilo de aquel que va a visitar a gente de erasmus que destilan felicidad por los cuatro costados las 24 horas del día, sin prisas ni preocupaciones, todo de color rosa. Y oigan ustedes, no estuvo pero que nada mal. Me acompañaba una rastafari jarrera con mucho arte, y pallá que nos íbamos a visitar a otra jarrera rastafari un 12 de junio de 2012. Destino: Siena. Cazzo di Dio, che bella cittá!

            Pisamos tierra en Pisa, y pisa que pisa sin prisa nos dispusimos a hacer un recorrido breve por la ciudad. Siempre he afirmado con rotundidad que para conocer una ciudad no basta con visitarla, hay que vivir en ella. Dicho esto, para que no haya errores de interpretación, creo que es una ciudad que se puede visitar en un día, en unas horas. Sus calles a orillas del Arno, con aquellas casas de mediana altura de colores ocres, con unos grandes ventanales, muchos de ellos tapadas por contraventanas verdes muy características del Mediterráneo; me recordaron mucho a Florencia. Misma región, mismo río, mismo estilo arquitectónico. Pero la cosa cambiaba al entrar a la piazza dei Miracoli con el sol en lo más alto fascinaba ver todas aquellas edificaciones de tiempos remotos, al parecer muy prósperos para algunos en aquella república marimorena de Pisa.

            Un gran recinto amurallado donde un enorme jardín daba paso a cuatro inmaculadas edificaciones: el duomo, el baptisterio, campo santo y la torre pendente. Y una masa ingente de tourist. Tourist everywhere. Diferenciemos, por favor, tourist de visitantes, algún día lo explicaré con más detenimiento. Una cosa está clara, se podrá ver la torre inclinada en siquiticientas fotos, vídeos, pelis y sellos, pero en la realidad acongoja. Dan ganas de ir corriendo hacia ella para sujetarla, gritando QUE SE CAEEEEE! Es que está inclinada de cojones. Y en el jardín los zombis son los jefes: ordas de chinos, indios y demás población mundial haciendo gestos de todo tipo para inmortalizarse con ella. No no, no lo digo, lo muestro:

 Collage PisaY nosotros, por supuesto, no fuimos menos. La última foto a la derecha es mía.

            Al finalizar el día, previo trenitalia gratuito (gracias transporte público europeo, o gracias mama por hacerme tan jodidamente trasgresor de la ley, arderé en el infierno), llegamos a Siena. Desde el primer momento que pisé suelo en aquella ciudad me di cuenta de que era diferente. Y poc a poc me daría cuenta de que es única, sin igual. Y os explicaré por qué.

            Su centro histórico, patrimonio de la humanidad, es el fiel reflejo de una ciudad medieval. Totalmente amurallada, según penetras en ella te teletransportas a los siglos XIII-XIV, o eso dicen los entendidos, yo no viví aquella época. Pero lo que si se es lo que vi, una sucesión de calles con edificios perfectamente alineados haciendo las calles serpenteantes y estrechas, calles adoquinadas. Los edificios señoriales daban paso a un sinfín de fuentes, estatuas y logotipos con recuerdos medievales, señoriales, feudales. Toda la arquitectura allí es diferente, suya, sienesa. Nada parecido en estilo ni belleza. Necesita de la prosa de un Pérez Reverte o similar para poder describirlo y empalmarte. Pero no es eso solo lo que le da la singularidad. Lo que hace única esta ciudad de apenas 50.000 habitantes son sus tradiciones, su parafernalia e intríngulis, también enclavadas en el medievo.

            La mayoría de ustedes, cada vez más odiados lectores (en número digo, yo os odio igual) conocerán la fiesta de El Palio, y si no la conocéis, youtube y wikipedia, fuente de toda sabiduría. Salió hasta en James Bond coño! Como no la vais a conocer. Caballos, ostias, carreras, marabunta, incomprensible todo. Pero mu bonico. Lo que ya no conoceréis es toda la historia, cultura, fiestas, acciones y tradiciones que a lo largo del año se cuecen en la ciudad para llegar hasta el gran día. No soy un entendido pero en una semana que disfruté de aquello me pude hacer una pequeña idea, y os hago un resumen de los mios:

            Están como una chota, pa empezar. Hay que nacer allí y ser italiani cerrao (pero cerrau cerrau) para entenderlo. La ciudad se divide en 17 contradas (barrios), a la cual se pertenece por lugar de nacimiento o lazo familiar. Se dice que los visitantes son de la contrada del lugar donde se duerme la primera noche, así que yo tengo el honor de pertenecer a la contrada de la Selva. Mi querida Tania y su loca compañera, Ale, eran dos afortunadas (y guapas) erasmus que vivían a escasos metros de la piazza del Campo, en una cuevita de paredes blancas más cercana a hobitton que a Siena. Y más afortunado fuí yo de poder dormir allí. Muchos tourist hubieran pagado bien de pasta por dormir en un enclave tan tan céntrico. Como iba escribiendo, las contradas son como regiones o países, como lo oyen; conservando una administración compuesta por órganos elegidos democráticamente. Cada contrada tiene su propia bandera, himno, escudo o blasón, una fuente y una iglesia, su sede, un museo… Están del ala. ¿Juego de tronos? ¿Casas? Eso no es ná, se queda en moco de pavo. Sino entren aquí para saber más.

 Contradas de sienaCaminando por la ciudad, los escudos en las paredes, como las placas de las calles, marcan en que barrio o contrada se está.

            Pero la cosa no acaba ahí. Todas las contradas tienen su propia historia, su palmarés, que lucen con orgullo, y como no podía ser menos, sus contradas aliadas y rivales. Por ejemplo, la Oca, más de derechas que Primo de Rivera, se llevan a matar con los de la Torre, muy colegas de los de la Oruga. Éstos no se pelean con casi nadie, pero se llevan muy bien con los del Puerco Espín, que odian a los de la Loba, lo cuales no se llevan bien con nadie. Luego están los de la Lechuza, la Selva y la Tortuga, que son mu majos y se llevan bien con casi todos, bueno menos estos últimos, que se pelean con los del Caracol, por aquello de la velocidad. Un rollo macabeo de no te menees. Locos de rematar, como una cabra, que también tiene contrada , los de Valdimontone. ¡Si hasta el Unicornio tiene barrio! Cada uno con su propio patrón y festividad. Se pueden imaginar, una vez al mes, semana de fiestas en algún barrio. Alguna pude vivir, vaya que sí. Me recordó mucho todo esto a los colegios mayores en Madrid y admiré a la estupidez humana, en la cual me incluyo ¿Vas a un colegio mayor o naces en una contrada, y por definición debes odiar a tal o a pascual? Muy de risas todo. De verdad, te echas unas risas.

            Dicen que Siena es de las ciudades más bonitas de Italia, y no pueden andar muy desencaminados, aunque  nunca fui de hacer ese tipo de escalas, cada ciudad tiene su aquel. De muros para adentro, de día o de noche, se ve otro ambiente, te involucras. La noche que llegué, al llegar a la contrada de la Selva, la imagen me descentró. La calle repleta de personas en completo silencio, las banderas de la contrada ondeando cada pocos metros, antorchas. Se celebraba una comunión, o un via crucis, o vete-tu-a-saber. Algo cristiano del barrio. Y todo engalanado. Y yo por medio jodiendo al personal. Pa variar. Pero la escena me cautivó.

            Pero más aún me cautivó una costumbre italiana llamada aperitivi. Oh santa Madonna, mi piace tantisimo! La cosa consistía en acudir a algún bar cercano poco antes de la hora de la comida (los coleguis de Tania ya se encargaron de llevarme a la mejor), tomar algún refrigerio y la comida…Self-service! La cosa no eran tan del todo así, pero ya saben, los españoles… ¿Algo gratis? ¿Dónde hay más? Y te ponías como las grecas. Logo decimos: tapa tapa tapa, caña, tapa tapa. Pos hay de to en tolos laos!!!

            Me siguió impresionando de sobremanera aquella ciudad allá por donde iba. El Duomo fue una de las catedrales más bonitas (para mis esquizofrénicos gustos) que he visto jamás junto con la catedral de Cracovia. Ay, recargada, sin nada vacio. De mármol blanco, verde y rojo caucásico (como todas en la toscana, Pisa, Duomo y Sta. Croze en Firenze). Nada que envidiar al Duomo de Florencia por fuera y mil veces más bonita por dentro, viéndola como la vi decorada con símbolos de las contradas, con una viveza en colores única. Columnas negras como el sobaco de un grillo y blancas lechales se retorcían hasta perderse en lo alto, donde unos frescos impresionantes dominaban el edificio. Más abajo, el suelo no se quedaba atrás, recargado al máximo en bajorrelieves (o así) de diversos colores y sabores. Recomiendo a todo el que la visite que suba a la portada derruida del Duomo, unas vistas de la Toscana impresionantes. 6 lerus o así.

 Catedral de Siena

Duomo Siena por dentroEl Duomo de Siena por dentro y por fuera

            Otra características que me encandiló son los ortos que se esparcen por la ciudad. Huertos, que no son otra cosa que pequeños parques, si no me equivoco, lugar neutral de las contradas. Allí la juventud y no tan juventud van a relajarse, leen, se celebran fiestas, comilonas, etc. Me cuentan que en el de Tolomei se hizo la primera batalla del vino fuera de nuestra fronteras riojanas ¡Un ole-ole por ellos! En un orto (no confundir con «te voy a reventar el orto») tuve ocasión de festejar un cumpleaños, el de la inagotable Nijadi, con los Pablolos y compañía. La birra moretti y el espumoso corrió a raudales. Y no fui el único en pensar, observando el paisaje toscano desde aquel lugar, que ese bello panorama se parecía muy mucho al sinuoso landscape (osea tia) riojano, con un ligero toque más verdoso.

SONY DSC

            Siena no tiene mucha fiesta, pero tiene una plaza que acoge a todo hijo de vecino y donde con un poco de parla internacional puedes encontrar buena gente, una guitarra y cervezas. La mejor de las muertes. Un gozo supremo, el nirvana. Ver amanecer en la piazza del Campo, una plaza como ninguna, singular y preciosa a la vez, en forma de abanico e inclinada hacia ese ayuntamiento…con forma de pene. Pero muy bonico también. El que sepa el porqué de los agujeros en su torre, que me lo explique por favor, no puedo dormir por las noches.

Piaza del campoPiazza del campo desde la contrada de la Selva

            Nos dio tiempo a hacer visita a Florencia, ciudad que ya había visitado en aquel magnífico interrail, por lo que no me extenderé mucho. Solo mencionar y recomendar un lugar para comer Trattoria Mario (en Italia hay 3 tipos de restaurantes, osteria, trattoria y ristorante, que básicamente se diferencian en precio y trato) en la Via Rosina nº1. Vas 1 hora antes, te apuntas y te dicen la hora. Te sentarán junto con otros comensales dependiendo del número que seáis, algo que me encantó. Estoy convencido que de ahí han salido grandes amigos y parejas de enamorados. Por 13€ me jamé una pasta Paccheri (los gordos gordos) al ragut, unas tripas en salsa típicos de allí y un vino santo con un dulce, pa chuparse los dedos. Y lo mejor de Florencia, pero sin dudarlo ni un momento, ver el anochecer desde el mirador de Michelangelo. Nos costó perder un tren, pero me sudo un huevo. Recuerdo aquel anochecer en una foto mental perfecta: la sombra de un avión descendiendo al fondo, como queriendo encontrarse con el imponente Duomo, una gran sombra negra que domina a toda la ciudad. Ah, y la iglesia, otrora granero, de Orsanmichele, otro rollo. 😉

            Para finalizar, la anécdota. Un grupazo de unos 9 personajes salimos de Siena a unas termas cercanas, a unos 30 km de Siena, la termas di petriolo. El problema llegó cuando el autobus nos dejó en medio de la carretera Siena-Grosseto, en medio un puente enorme sobre el río Farma. Al parecer no era tan fácil llegar, y había que andar cerca de hora y media para llegar. Nuestro gozo en un pozo. Pero ya que estábamos allí, había que intentarlo. Tras más de 45 minutos de caminata por una carretera que pasaban camiones rozándonos los bigotes a 100km/h, encontramos la desviación, pero no estábamos ni mucho menos cerca. He de decir que todos acudíamos con una gueule de bois (resacaza) considerable, no habiendo dormido más de 3 horas, y el paso, no era ligero que digamos. Cuando algunos ya desesperaban, vimos la luz y conseguimos parar una ranchera que, suerte nuestra, nos metió a todos atrás. Más felices que mil perdices bajamos autostopeando hasta las termas, a poco le comemos a besos al conductor. El resultado, un paraje muy pero que muy similar al tirón a su paso por Herramélluri o Cihuri, pero con un olor a huevos podridos que se te metía hasta el corazón. Eso sí, el baño en aguas a 40ºC y el contraste con el baño en el río, orgásmico no, lo siguiente. La vuelta, otro ir y venir parando coches para que nos llevaran. La mitad tuvieron suerte, el resto, no tanta. Una pareja de aspecto extraño en una furgoneta que se caía a trozos nos llevó hasta la carretera principal, no sin antes tener que empujar para evitar que la furgo se precipitara acantilado abajo. El tío no iba muy sereno. Nos pidió unos porros como recompensa el fiera de él. El resto fue coser y cantar. O más bien, esperar, dedo gordo arriba.

            Siena encierra entre sus muros historias que hay que vivir, pero que están reservadas a unos pocos. Conténtense con patear sus calles, visitar sus edificios y comer sus manjares viendo sus paisajes, que no es poco. Es mucho, ya lo verán!

Stringe la vita, e ridere un sacco.

perro pintura

Bella

Firenze

del otro a Siena

amor amor

niña sobre cadena

ventana toscana

velas catedral

Vistas Siena

Siena

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