Spinola Bay

Islas del Mediterráneo

“No vayas a creer lo que te cuentan del mundo (ni siquiera esto que te estoy contando), ya te dije que el mundo es incontable”

Mario Benedetti

   Para comenzar el 2014 os traigo un relato algo útil, no exento de chorradas y sinsentidos, pero del cual podréis tomar alguna nota. Eso para los que habéis sido buenos, para el resto, carbón del de verdad, pero ya en rollo antracita, para que os rompáis los piños.
Hoy hablaré de un destino conocido por todos pero explotado por pocos, un viaje diferente a un destino típico. A todo hijo de vecino cuando se le menciona Malta se le vienen a la cabeza dos cosas: o bien recuerdos, más bien difusos, de las melopeas que se enganchó y de la cantidad de besos fugaces que dio a chicas/os que no recuerda; o bien se imagina esa dos situaciones.
Este torpe y feo escritor junto con uno de los de toda la vida, 20 copas (y no precisamente por las cartas) fuimos con un propósito distinto. Y bien es cierto que no pudimos evitar entrar en ese bucle de desenfreno festivalero. No pudimos, fue imposible. Es un poco como la bola aquella de Indiana Jones, con la diferencia de que esta te persigue y te pilla, te absorbe cual aspiradora de humanos, te pone un cubata en la mano y te mete a un bar. Pero, eso sí, supimos mezclarlo con grandes dosis de actividades, exploraciones y playas a lo largo y ancho del archipiélago maltés (si, ignorantes pijos de hruta, Malta son cerca de 15 islas, aunque solo 3 están habitadas).
A continuación os contaré lo que mis difusos recuerdos me permitan explicar 7 días de un Mayo de 2012, de otra forma, explicando las cosas que no debes hacer si vas a Malta. Abróchense los cinturones, fumen salvia (pa reír más) y viajen conmigo a 1653,16km desde la puerta del Sol de Madrid (contados con la regla del estuche).

No seas alérgico al polvo.
Lo primero que me sorprendió a nuestra llegada a la capital, La Valleta (de fregar) fue ver todos las calles y, sobre todo, los coches llenos de polvo. Cuestioné la limpieza y actitud de vagancia máxima de los ciudadanos malteses, pero oh prejuicioso de mí, al parecer es debido al tipo de piedra del que están hechas todas sus casas. La ciudad, patrimonio de la humanidad desde 1980, me encantó, también es cierto que me envolvió su halo medieval que recuerda al tiempo de las cruzadas y a los caballeros templarios, de los cuales fui ferviente seguidor (oh gracias Broken Sword). Si bien de ciudad no tiene un pelo con menos de 8.000 habitantes, toda ella fortificada, con una sola entrada presidida por la fuente del tritón que da paso a las 2 calles principales que cruzan la ciudad hasta el fuerte de Saint Elmo: Republique y merchants. Los parques y miradores son difíciles de encontrar en otro lugar tan bellos y engalanados, no os perdáis los jardines altos de Barrakka, con vistas al Gran Harbour, uno de los puertos naturales más grandes del mundo, y a las 3 ciudades. Sin duda una ciudad digna de patear de costado a costado. Y en poco tiempo además.

La Valleta Mirador de la CampanaMirador de la campana (La Valleta)

No vivas cerca de Paceville.
Esta fue nuestra perdición. Como ya comenté anteriormente, suelo viajar donde me dan hogar, y en este caso, nos acogía el feo de la portada de este feo blog. La Dean Residence (a la cual insto a ir, conocí a dos italianas que se pegaron allá una semana de gratis, el dueño no era muy atento que digamos) con sus mugrientas habitaciones y esas puertas que revientan negros en youtube, esas de cartón, nos acogió y permitió dormir apaciblemente nuestras 3-4 horas/día (digo día porque era ya de día cuando se dormía, sino diría noche). Pues bien, te caías de la cama y caías a la «redoble de tambores y cornetas» Paceville, Pache pa los amigos, la inigualable zona de fiesta por excelencia en Europa. Un suelo lleno de flyers te dirigía hacia una conjunción pintoresca donde las haya de bares de ambiente, nocturnos, eróticos, con sisha, sin prisa, cachis, chupitos, jarras, barriles. Miles! Joder me emociono solo de pensarlo. El mejor, apunten: NATIVE. La cosa era pillar descuentos en la calle, y si ya conocías a alguna relaciones de esas, como era el caso, la cosa podía salir a muy buen precio. Una noche acabé en un garito donde supuestas «chicas de compañía» ofrecían simples bailes eróticos, sin llegar a nada más. Pues bien, lo único que recuerdo es una de esas pequeñas chicas en el hombro de un mostrenco leonés más fuerte que el vinagre pataleando por su vida, cual saco de patatas. Hasta aquí puedo leer. Pero no quedaba aquí la cosa, pequeños puestos con hornos que sacaban el olorcito a hojaldres recién hechos a 100 km de distancia ofrecían pizzas y demás gochadas a precio de risa. De risa de verdad, 60 céntimos un hojaldre de queso de cabra, por ejemplo.

No vayas en bus, alquila un coche.
Nuestro gran acierto del viaje fue alquilar un coche. Sin duda es esencial para visitar una isla según te venga en gana, pero creo que en Malta es aún más vital. Luego os cuento el tema de los autobuses.
Podríamos decir casi que nos regalaron el coche: la chica que nos atendió, que era española, no sabemos si le dio la vena patriótica, si le parecimos Richard Gere, George Clooney y Di Caprio, o era Santa Teresa de Calcuta, pero el caso fue que infló mi edad hasta los 26 años para no pagar extra, nos puso a los 3 de conductores sin suplemento alguno y no nos cogió la fianza, le falto la mamaduca antes de irnos. Conclusión: el huevo del Peugeot 107 durante 3 días por unos 90€, gasolina incluida. Y no necesitabas más, es imposible correr en esa isla. Los límites de velocidad son 35, 45 y 70 Km/h. Aunque si corres, tampoco pasa nada, la policija allí son clones del jefe wiggum y los controles no existen. Pero advierto: para correr es necesario sentir en tus carnes a Nani Roma, Carlos Sainz y medio Paris-Dakar, porque las carreteras son de aupa. Más estrechas que los pantalones de Lucky Luke, con muros de piedra en sec (al más puro estilo mallorquín) a ambos lados, preciosas eso sí.
Y la experiencia de conducir por la izquierda…otro rollo. Sientes que el mundo va al revés y el inglés británico te sale solo, un día casi me tomo un té a las 5 y todo. Jamás olvidaré aquel momento en el que cogí el coche por primera vez, conduje hasta el norte de la isla más emocionado que un niño el día de reyes y llegamos a la Golden Bay, una playa de aguas cristalinas, tranquilas, un sol perfecto…Me metí en el anuncio de Estrella Damm.
Si alquilan este coche tampoco metan a 7 personas, las probabilidades de volcar son una de cada dos, y yo solo lo intenté una vez.

Golden Bay

No dejes de visitar la Blue Window.
Con diferencia uno de los mayores atractivos naturales de Malta y del mediterráneo. Para ello es necesario pasar en barco a la isla de Gozo, la segunda más grande y con poco más que ver. En esta isla realizamos por primera vez submarinismo las tres Marías por unos 30€ la inmersión-bautismo. ¡A alguno le gustó más que a otros e intenta vivir de ello!
La ventana azul, situada al Oeste de la isla, tras una de esas carreteritas que se las traen, es un lugar perfecto, interesante también para inmersiones submarinas, donde podrás pegarte un buen chapuzón sin una masificación bestial. Acojona bañarse en una piscina natural al lado del inmenso «ojo azul», donde las aguas son tan claras que puedes ver mucha profundidad, y las cosas que ves a veces no invitan al baño.
Otro de los lugares que recomiendo de Malta es el pequeño pueblo de pescadores llamado Marsaxlokk (puerto al sureste). Relaja más que una paja sentarse a observar los antiguos barcos de pescadores varados en ese minipuerto, donde parece que el tiempo no pasa. Una maravilla.
Si quieren una buena ruta para todo el día en coche les recomiendo la siguiente: Marsaxlokk- Birzebbuga, otro pueblo de pescadores con un imponente puerto industrial (2ª temporada de The Wire, ahí lo tenéis, pero con sol) y una playa alargada como pocas en la isla- Blue Grotto (si no alquiláis barca para verlo desde el mar, ni vayáis)- Mdina y finalmente Rabat.

Malta
Blue window

¡No confíes en los horarios de los autobuses!
Llega el momento de reíros de mí. Y el porque de no utilizar los autobuses en Malta. El infierno, el caos, la debacle, la hecatombe, no hay palabras para describir la organización de esas líneas de autobuses, Arriva es la empresa. Era el día de la partida, un fatídico 15 de Mayo (remolacha, coliflor, que viva el agricultor). A las 07:15 de la mañana estábamos como un clavo en la parada de autobús. La previsión era que el bus llegaba a y 20, pasaba cada 25 min aprox y no tardaba más de 50 minutos en condiciones normales. Estaba todo mirado. No pasó un puto autobús hasta una hora después. Preguntamos al chófer y nos respondió que llegábamos, pero nuestro acojono iba en aumento al ver que ese día todo cristo hijo de dios salió de su casa para impedirnos pasar. El tráfico era feroz y no había manera de avanzar. A las 9:15 llegamos al aeropuerto y pese a haber dormido menos de 3 horas (había que despedirse del Native) corrimos como Raúl Gonzalez Blanco (el hijo del viento) por todo el aeropuerto. La escena fue de película: saltando vallas, tirando maletas, gritando…A punto estuve de lanzarme en plancha por el arco de seguridad.
Lo más gracioso estuvo al llegar, con 3 litros menos de sudor, a la puerta de embarque. Golpeamos el cristal como zombis (plis plis, oupen oupen). Y el avión estaba ahí, delante de nuestras narices, cerrando la puerta…Una de las azafatas llamo por walkie al piloto y comentó la situación: 5 pasajeros en tierra. Empezamos a sonreír, sabiendo que no nos dejarían en tierra. Y una mierda. Al piloto le faltó decir: bye bye picolissima daaaaama! Les juro que llega a estar la puerta abierta y salto a la pista corriendo detrás del avión, luchando por agarrarme a una rueda.

No te creas que esto es Europa
Tienen €uros si, pero no son europeos. De Reino Unido solo han heredado el volante a la derecha. Están cerca de Túnez, pero para nada forman parte de África. Por sus tierras han pasado más de 10 civilizaciones: fenicios, griegos, romanos, árabes, españoles, italianos, franceses, ingleses (los cuales no les dejaron en paz hasta 1964, hasta la segunda guerra mundial no dejaron de guerrear). Malta, país extraño donde los haya, el más densamente poblado de toda Europa. Su idioma, el maltés, es el idioma más raro y con más influencias que he conocido. Sus gentes son europeos con aires árabes, rumanos occidentales, gitanos-payos, un gran crisol de razas a un paso entre el primer y tercer mundo. Pero con todo, un lugar para visitar y para volver, la perla del Mediterráneo.

Exprime la vida, y ríete mucho.

CR_227692_aqui_seguiremos

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